Libertad de Expresión

LA GUILLOTINA NO PUEDE CALLAR LO QUE NADIE SE ATREVE A DECIR

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LIBERTAD DE EXPRESIÓN, UN DERECHO DE TODOS. EJERCERLA POR MEDIOS DE COMUNICACIÓN, PRIVILEGIO DE POCOS. REDES ROMPEN EL “SECRETISMO”. INMORAL QUE PERIODISTAS DE TV HAGAN “PUBLICIDAD ESCONDIDA.” 

Cualquier persona es libre de expresar, sin censura, sus pensamientos, sus ideas, sus imágenes, su arte, sus creaciones, sus locuras, sus corduras,  sus alegrías sus penas, sus enojos, sus rabias, sus iras, en fin, sus sentimientos. Puede manifestarse a través de la palabra, la escritura, el grito, el gesto, la mirada… En la casa, en la plaza, en la calle, también, aplaudiendo o pifiando en el teatro, en el cine o en el estadio. Marchando con otros en una protesta, cantando, bailando y gritando consignas, colgando lienzos, levantando pancartas, tirando volantes o panfletos… Es inherente a todo ser humano el ejercicio de su libertad de expresión.

Ahora bien, el ejercicio de la libertad de expresión a través de la prensa escrita, la radio y la televisión -los tradicionales medios de comunicación social de hoy día- ha sido un privilegio al que muy pocos han accedido y acceden. Eso sí -y hay que consignarlo- su expresión, generalmente, ha estado limitada o “auto censurada” por la voluntad o la orientación política de quienes son sus controladores. Normalmente, ligados al poder de grupos económicos que los financian o subsidian con la publicidad de sus propias empresas.

Y los pocos medios de comunicación social que pretenden mantener cierta independencia o acercarse más a ella, sólo pueden subsistir financiados por una publicidad condicionada, en mayor o menor medida, a no tocar en sus noticias, crónicas o investigaciones periodísticas, las trapacerías que aquellos mismos grupos no quieren que trasciendan, de modo que el actuar en sus negocios, sus colusiones, sus sobornos y la cooptación de ciertos políticos y algunas  autoridades quede oculto y gozando de la mayor impunidad posible.

Similar censura aplican a las manifestaciones públicas que surgen del reclamo y de la indignación popular, frente a la injusticia, el abuso, la exigencia de derechos esenciales o la desigualdad en su reconocimiento. De aquéllas, por lo general, los medios terminan destacando el desorden al final de la manifestación y la represión “justificada” de la fuerza pública, pero no comunican el mensaje que la protesta quiere expresar. Ah! y si no hay desorden la noticia será que no lo hubo y que estuvo muy bien controlada.

Sin embargo, el explosivo y masivo surgimiento de las comunicaciones por internet y sus redes sociales ha dado un golpe brutal al “secretismo” y al “manejo controlado” de la información por esos medios de comunicación “tradicionales” que ven incluso en peligro su propia subsistencia, si no asumen la nueva realidad nutriéndose de las redes.

La velocidad con que corre la noticia y la denuncia en la red es irresistible para el modelo de la prensa tradicional y para el mundo político, social, económico y cultural, acostumbrado a leer un diario en la mañana o a ver las noticias que la TV quiere mostrarles.

Esta nueva realidad comunicacional se transforma, a veces, en fuente de noticia instantánea, porque cualquiera actúa como reportero subiendo a la red “la foto” o la denuncia -“en  140 caracteres”- de un hecho que puede involucrar a autoridades, empresas,  iglesias o personas destacadas del mundo público o privado. Sin duda surge como un efectivo y  poderoso medio de control social. Seguramente odioso para quienes están acostumbrados a la impunidad. No obstante, “una mecha” encendida en la red y que corre por ella como la lava ardiente de un volcán en erupción, exige a los medios de comunicación social, antes de recogerla y lanzarla, de esa mínima ética periodística en la comprobación de “la noticia”, porque el “reportero” de la red ejerce su libertad de expresión individual sin el deber de contrastar el hecho con la versión del denunciado o afectado. 

A Nadie llama la atención que ya es común, sobre todo en Radio y TV, escuchar o ver a periodistas, figuras, conductores y “opinólogos” que reciben un twett o un mensaje, que lanzan al aire, como “noticia fresca” recibida de un “seguidor” sin la más mínima comprobación. Tan así es, que cuando después entrevistan “o interrogan” al afectado, usan “muletillas” con las que pretenden validar y dar solidez a sus fuentes: “mucha gente dice”, “he escuchado decir”, “muchos se preguntan”, etc.

Nadie se atreve a criticar esta liviandad con que, a veces, se actúa, repitiendo “la noticia” surgida de un simple rumor que, aunque negado por el afectado, dando o no razones o explicaciones,  queda establecido como “un hecho”. Corriéndose, así, el riesgo de incurrir en graves injusticias o errores que después, salvo contadas excepciones, ni siquiera son asumidas por los responsables.

El ejemplo de las boletas que se extienden por miles o millones de personas está haciendo aparecer, casi como un delincuente a quienes mencionan en la prensa o en la red “por haberlas otorgado”… ¡Es el mundo al revés!… Porque es la propia ley la que ordena emitirlas -al igual que las facturas- como una manera de control del pago de los impuestos. La boleta y la factura son, pues, la prueba o la presunción de la prestación de un servicio o de la venta de un producto y del pago del impuesto, de manera directa o mediante retención. No puede omitirse que las sanciones más graves que aplica la ley surgen cuando “no se da boleta”, porque eso presume que se está evadiendo un impuesto y actuando “a la negra”… 

Ahora bien, si se trata de calificar la falsificación “ideológica” de una boleta, dada para financiar un partido, un centro de estudios, una campaña política o cargar un gasto para bajar la carga tributaria,  es la empresa o entidad receptora de la boleta o factura la que debe exhibir el trabajo o el producto que originó su otorgación, porque ella es la dueña del bien o del servicio “comprado” o pagado. Todo ello, con independencia de la buena o mala calidad de “lo vendido”…  Y, es evidentemente, el SII el órgano idóneo para calificar si hubo elusión u otra figura delictiva con la emisión de una boleta o factura que “no tiene causa” y, como consecuencia de eso, dar o no curso a la acción judicial pertinente.

¿Y a qué viene todo esto?… Por ningún motivo a restringir la libertad de expresión, sino que a llamar la atención de que quienes tienen el privilegio de ejercerla a través de los medios de comunicación “social”, incluidos los digitales, deben hacerlo con la responsabilidad que tal tribuna exige. Sembrar dudas -o más dudas- y generar noticias del rumor -y, a veces, a partir de la ignorancia de una norma, de un procedimiento,  del “mismo hecho y sus circunstancias”, o bien, a partir de la inferioridad en que se encuentra el afectado que no tiene el mismo micrófono o la misma cámara- puede constituir un rico ingrediente al caldo de cultivo de la desconfianza  y de su esparcimiento. Por supuesto, también, de la pérdida de todo el sentido “social”  que, precisamente, define a tales medios. Están o son para informar, ilustrar, orientar, opinar, denunciar y criticar con sustento. No para lo contrario. 

Entonces, un micrófono o una cámara de un medio de comunicación “social” no es ni puede ser un fusil para calificar intenciones o descalificar personas sobre lo que se le ocurre, piensa o sospecha el que está detrás de aquél o delante de aquélla. Nadie parte de la base que “los buenos” son más que “los malos”. Nadie piensa que si los malos fueran los más, habría muy pocos buenos y todo estaría mucho más tranquilo: serían los malos los que sembrarían la desconfianza sobre los buenos…

Ah! una última cosita que a Nadie le produce vergüenza: Si la publicidad repetitiva en los medios de comunicación, especialmente en TV, es para la inmensa mayoría de los televidentes un insulto y una fuente de “acumulación de rabia” por la promoción de productos y servicios que les son inalcanzables a consecuencia de sus reducidos ingresos, más impresentable resulta que los “rostros y figuras de la TV”, muchos de ellos periodistas y que en su mayoría perciben millonarios sueldos líquidos, se presten para hacer “publicidad escondida” en los noticiarios que conducen a resorts en el Caribe, a cruceros transatlánticos, a empresas líderes en tecnología, a grandes viñas y sus productos, etc.

Nadie.

La discución se ha cerrado.

Reglas del juego: La Guillotina está abierta a todos los pensamientos. El debate, junto con la posibilidad de disentir del otro, conlleva la crítica, el lenguaje directo o agudo, el humor y el uso de todas las figuras literarias que ilustren la expresión de las ideas. Tal libertad, exige, asimismo, que la discusión, aunque álgida y dura, sea respetuosa y atingente a los temas abordados. El llamado es a evitar comentarios ofensivos, discriminatorios o que atenten contra las personas y/o las instituciones. La Guillotina asume que quienes no respeten estos principios básicos corren el riesgo de la réplica y de quedar aislados.