Fuego amigo

«EL FUEGO AMIGO» ES PURA DESLEALTAD POLÍTICA.

Artículos, Sin Anestesia

CRÍTICAR POR LA PRENSA A «MIS» COMPAÑEROS, CAMARADAS O ALIADOS POLÍTICOS NO ES MÁS QUE UN «APORTE» A LA DESCONFIANZA POPULAR.

En lenguaje militar se le llama «fuego amigo» a los ataques desde el propio bando, producto de errores en la identificación de un objetivo. Es, pues, siempre accidental e involuntario. Se trata de una expresión, usada en la guerra cuando, por ejemplo, se bombardea equivocadamente un lugar ocupado por las mismas fuerzas o por fuerzas aliadas. En cambio, si el ataque fuere voluntario o intencional, el término a utilizar es, simplemente, «fratricidio» y, para quienes lo ejecutan «traidores».

El «personalismo exacerbado» o el «descontrolado afán de figuración» que caracteriza a algunos políticos y parlamentarios de nuestro Chile actual, les hace caer, comúnmente, en la crítica, en la descalificación y en el ataque a sus aliados y compañeros o camaradas de ruta, a través de los medios de comunicación social. Y quienes son sujeto de tal conducta -cuando no reaccionan de igual forma y prefieren «aguantar»- buscan bajarle el perfil, manifestando que «el fuego amigo» no le hace bien a la coalición misma, ni al Partido, ni al Gobierno, en su caso.

Nadie observa que ese «fuego amigo» es una deslealtad con la organización política a la que pertenece su autor, porque, la primera, aparece «auto infiriéndose» un daño directo a través del segundo, quien prefiere su «egotista» exposición pública, en lugar de recurrir a los órganos internos que posee toda coalición o partido para tratar las discrepancias y actuar con unidad en las decisiones que democráticamente aquéllos adopten. Y, obviamente, es más profundo el daño y la deslealtad, cuando se trata de «fuego amigo» proveniente de miembros de la coalición que tiene la responsabilidad del Gobierno… O vice versa…

En tal contexto, resulta triste y, a veces, admirable ver la soledad y el ingenio del Ministro «vocero» de turno en Palacio que se ve obligado a enfrentar el «fuego enemigo» y a apaciguar el «fuego amigo», tareas ambas, que, por lo demás, no corresponden a un Ministro Secretario General de Gobierno. Solamente «la práctica» ha hecho que las asuma, en lugar de cumplir con su rol institucional que, en lo esencial, es el de abrir espacios de comunicación entre el Gobierno y la ciudadanía para difundir lo que Aquel está haciendo y hará y, a su vez, retroalimentarse de las demandas sociales que sirvan de base a la implementación de políticas públicas en los otros ministerios y servicios públicos.

Nadie recuerda que en las democracias, al Gobierno siempre lo defienden sus partidarios y, en especial, los dirigentes de los partidos o los parlamentarios de la coalición, quienes se encargan de responder las críticas, ataques o planteamientos que vienen desde la oposición o de sectores sociales o de intereses. De verdad, se ve rara una democracia en que el Gobierno tenga que tener un «ministro vocero» como una especie de «tenista» que no hace más que devolver toda clase de pelotas, vengan de donde vengan. De verdad se ve rara una democracia en que los partidos de Gobierno no organicen, por ejemplo, sus propias marchas por las calles de las ciudades dando respaldo a sus acciones. Pareciera que estas manifestaciones se tienen que acabar el día de su elección…

Ahora bien, volviendo al «fuego amigo», Nadie observa, que, además, éste genera un daño colateral que afecta a todo el país, porque profundiza la desconfianza en las organizaciones políticas, en las instituciones del Gobierno, en el Parlamento y, en su caso, en los Tribunales de Justicia… Pareciera que los líderes o personeros de cualquier coalición no tuvieren conciencia de que los medios de comunicación y las redes sociales constituyen una gran caja de resonancia y que, con toda razón -y en algunos casos con ironía sarcástica o con placer morboso- le «sacarán el jugo» a las incoherencias y contradicciones en que incurren con sus declaraciones, agudizando aquella desconfianza popular.

El «fuego amigo», en definitiva, termina siendo la excusa con que se «justifica» la deslealtad de un desleal… A Nadie se le ha ocurrido que lo mejor para una coalición o partido -o al Gobierno, en su caso- dejar en evidencia derechamente al desleal como quién es… Sin duda, esta receta, puede ser mucho más efectiva que recogerlo con la hipocresía de que se trata de «fuego amigo» como si éste fuese un error involuntario del que dispara o de que todo se explicara con un: «¡Uy!, perdón, es que se le salió un «flatito»…

Resulta vergonzoso, ver en vivo y en directo cómo algunos supuestos líderes, movidos por la pura aspiración personal de «trepar», no resisten la presencia de un micrófono o de una cámara que les ilumina para «dictar cátedra» y discrepar o descalificar en público a su compañero, camarada o correligionario de partido o de su propia coalición. La imagen de desorganización que proyectan, al no hacerlo internamente en las instancias correspondientes, es fuente de un tremendo desconcierto y de falta de seriedad que origina indignación, burla y mayor desconfianza. Basta ver cómo se expresan las redes sociales…

Sin duda, el «fuego amigo» causa más daño que el «fuego enemigo»… De este último, cualquiera se puede defender con mayor propiedad y hasta con comodidad, porque en política y en democracia es lo normal. Pero defenderse del primero no hay cómo, porque devolviendo con una primera piedra, vendrá otra, dando origen a una seguidilla de deslealtades y traiciones entre amigos o entre hermanos, a vista y presencia de todo el mundo.

Ah! Y no olvidemos que, a veces, también, constituye «fuego amigo» la actuación silenciosa que sorprende y compromete sin siquiera consultar a quienes reman o quieren remar para el mismo lado.

Nadie

La discución se ha cerrado.

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