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HUMANIZAR A CHILE, ¿QUÉ HACER? NECESIDAD DE INTENTAR UNA RESPUESTA, «DESMEDIATIZAR» EL PODER

Aclarando la película, Artículos, Destacados

“Desmediatizar” el poder.

Ignacio Ramonet, de quién ya citamos su análisis de la realidad que caracterizaba el tipo de organización de la sociedad actual como de “archipiélago” y definía tal configuración como caótica, sostiene, también, que la situación en que estamos pone en crisis el “concepto” tradicional del poder. Su razonamiento es el siguiente:

“Ocurren tres grandes transformaciones o revoluciones. En primer lugar, la tecnológica, que implica el paso hacia una sociedad informatizada. Tal como en la revolución industrial las máquinas reemplazaron al músculo, hoy las máquinas sustituyen al cerebro y, más encima, están interconectadas en redes.”

“Esta primera revolución da origen a la segunda: la económica-financiera.”

“Estas dos revoluciones producen la tercera: el cambio del “concepto de poder”.  El poder político es hoy el tercer poder. El primer poder es el económico, en particular el financiero; el segundo, el mediático; el tercero, una consecuencia de la posesión de los dos primeros.”

Si bien el raciocinio de Ramonet sintetiza, a mi juicio, de manera bastante acertada “el proceso de mediatización” del poder que estamos viviendo, resulta, a lo menos, temerario afirmar que, a raíz de este proceso, ha cambiado “el concepto” de poder, salvo que el empleo del vocablo “concepto” sea un problema nada más que semántico.

Mediatizar en la definición del Diccionario de la Lengua Española es: “Privar al Gobierno de un Estado de la autoridad suprema que pasa a otro Estado, pero conservando aquél la soberanía nominal.”

El uso de este concepto -mediatizar- para describir la realidad, en el sentido de que el poder político está siendo afectado en su “autoridad suprema” por la influencia que en sus decisiones ejerce el poder económico, es lo que me parece acertado. Es efectivo que, en la medida que el neoliberalismo se va imponiendo, el poder económico va sometiendo el accionar del poder político a sus intereses, al igual que la organización de la sociedad en torno a la “economía del chorreo”. Pero sostener que, como consecuencia de este “proceso” de mediatización,  hay un cambio en “el concepto” de poder es lo que no me parece acertado y, más que eso, me parece gravísimo y aberrante, porque ello implicaría la aceptación de que la autoridad “suprema” debería estar sometida a un “poder fáctico” que, en definitiva, es lo que es “el poder” económico. Implicaría, por otra parte, que la democracia dejó de existir, porque la elección de un poder político no tendría más que un sentido meramente formal, ya que el Gobierno, el Parlamento y la Justicia estarían sometidos a los dictados del grupo que posee el “poderío económico”…

Otra cosa muy distinta es concluir que algo irregular está ocurriendo y que la sociedad se está viendo obligada a “soportar” una situación fáctica que distorsiona la concepción valórica del poder, tanto en cuanto al sujeto que verdaderamente lo ejerce como al objeto esencial de su ejercicio.

Entonces, no es que se haya producido un cambio del concepto de poder, sino que el poder político, sujeto natural e institucionalmente llamado a gobernar y legislar en función del bien común, en los hechos, tiene “las manos amarradas” por la influencia de ese otro “sujeto”, indeterminado y abstracto, que se identifica como “poder económico” y que, en el dogma del modelo neoliberal, hace depender el bien común del “chorreo” que la acumulación de riqueza en manos de “los poderosos” pueda generar.

El hecho que el neoliberalismo esté imponiendo sus reglas, significa, desde otra perspectiva, que la sociedad está siendo “encajonada” en un molde valórico que atenta contra los derechos del hombre y trastoca sus auténticos valores… Por ejemplo, la libertad de decidir la organización que un pueblo quiera darse se ve afectada por la “entronización de la cultura neoliberal”… Y, así, la libertad de los hombres para alimentarse, para educarse, para acceder a la salud, para tener una vivienda, para recrearse, en fin, para lograr una igualdad de oportunidades, está siendo regida por la “filosofía libertaria” de la doctrina entronizada: “Se es libre para ejercer cualquier libertad en la medida que se tenga dinero para pagar por ellas”…

En nuestro país la situación se agrava, porque el neoliberalismo ejerce, además, un tutelaje “metido dentro” de la propia legalidad institucional, el cual se refleja en materias  a las que ya nos hemos referido cuando tratamos del “sistema binominal mayoritario”, de la importancia y modernización del Estado, etc.

  Pues bien, no es un “cambio de concepto” el que tenemos, sino que, en verdad, un problemas que resolver: poner las cosas por su orden, esto es, reposicionar al poder político en su rol de autoridad suprema que vela por el bien de toda la sociedad y dar al “poder económico” reglas inspiradas en los valores del hombre como la solidaridad y la igualdad de oportunidades que hagan más humana y más social la economía “social” de mercado. Y, para eso, no hay más receta que la que dabamos al finalizar el título anterior: abrir un gran debate público y reencontrarse con las utopías inspiradas en los valores del hombre. De la reconversión de los líderes a ellas surge la voluntad política, aquella que puede mover la expresión del pueblo.

NOTA: Los siguientes capítulos son: «Conclusión, Humanizar a Chile».

La discución se ha cerrado.

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