MEDIO AMBIENTE, EMPRESA Y GLOBALIZACIÓN, EMPRESA Y MEDIO AMBIENTE.

MEDIO AMBIENTE, EMPRESA Y GLOBALIZACIÓN, EMPRESA Y MEDIO AMBIENTE.

Artículos, Destacados, Medio Ambiente

EMPRESA Y MEDIO AMBIENTE.

1. Enfoques de la empresa

Un atento examen del acontecer social del último siglo y medio llevará a la conclusión de que, esencialmente, su problemática se ha concentrado en torno a la EMPRESA.

Desde un primer ángulo puede observarse que el boom científico y tecnológico, cuyo origen se sitúa a los inicios del Siglo XIX, fue encontrando su materialización y su más clara expresión en la Empresa.  Ella fue la que permitió desarrollar las economías de escala que modificaron, radical y definitivamente, las formas de producción que el hombre había utilizado a lo largo de su historia.

La que permitió masificar el uso de los medicamentos engendrados por el avance de la Medicina generando, así, una considerable elevación en el promedio de vida del hombre, rompiendo el equilibrio alta natalidad – alta mortalidad y produciendo, con ello, el fenómeno de la explosión demográfica.  La que causó la atracción de las zonas rurales provocando el nacimiento de inmensas urbes.  La que hizo realidad que los medios transporte y de comunicación se extendieran por el mundo originando una aceleración impresionante y una nueva dinámica en la vida de la humanidad.  La que, en fin, hoy día ha terminado transformándose en el alimento de la Ciencia y la Técnica para engendrar, sin dudas, más “progreso” y, con muchas dudas, más “confort”.

Desde un segundo ángulo puede visualizarse que la gran discusión doctrinaria, política,  económica, ética y jurídica, desde mediados del siglo XIX y durante todo el siglo XX, ha tenido también, su eje en la Empresa.  En torno a ella se desenvolvió el gran debate sobre la propiedad de los medios de producción, sobre su gestión y sobre los derechos y obligaciones que tienen en ella los trabajadores, los inversionistas o capitalistas, el Estado y los consumidores.

No hace, todavía, cinco décadas que ha surgido un tercer ángulo a partir del cual poder mirar el acontecer mundial: el Deterioro de Medio Ambiente.  Y no se precisa escarbar mucho para darse cuenta que desde este enfoque el gran centro es, nuevamente, la Empresa.  La gran contaminadora.  La gran consumidora del Medio Ambiente.

Justamente, es este tercer ángulo el que se adoptará para abordar el presente capítulo.

2. La Empresa: El principal agente deteriorador del Medio Ambiente.

No resulta conducente para los efectos de esta materia profundizar en una descripción de los principales agentes deterioradores del Medio Ambiente. Son hechos ya conocidos, al alcance de cualquiera  el qué y el cómo se produce la contaminación del aire y las aguas, la degradación de las tierras y el consumo de los recursos naturales. Y respecto al fenómeno del calentamiento global del que se está tomando conciencia pública y colectiva en la última década –aunque era preocupación de los científicos desde hace ya tiempo- se ha hecho referencia en capítulos precedentes. 

Sin embargo, siempre, tras ello, podrá verse a la Empresa, motor del  desarrollo y del progreso, transformada, al mismo tiempo, en el principalísimo surtidor y multiplicador de los agentes contaminantes, alteradores y consumidores del medio ambiente. No es necesario insistir en este aspecto dada su evidencia.

Ahora bien, encontrar un camino de solución al problema de la Empresa “consumidora de ambiente” obliga a situarse en el contexto mundial que se debate  en la siguiente disyuntiva: la creciente demanda por alimentar, dar acceso a la salud, a la educación, al trabajo, a la vivienda, en fin, a la satisfacción de los más elementales derechos y necesidades de una población que se multiplica con una aceleración no conocida en la historia  -y que su vida se prolonga hasta edades que triplican las de hace doscientos años- frente a la urgencia de proteger y salvar al medio ambiente de la humanidad que se consume con una aceleración similar o superior.

Dramática realidad que deberá resolverse en torno a la Empresa.  Por un lado, Ella está satisfaciendo necesidades esenciales para la vida del hombre –no todas ni a todos- y otras no esenciales o no tan esenciales, de bienestar o hasta de un lujo, evidentemente, no indispensables. Y, por el otro lado, está consumiendo y contaminando el aire, el agua y las tierras, agotando -o amenazando agotar- los recursos naturales y contribuyendo con altos índices al calentamiento global, elementos todos, indispensables para la vida en el planeta. Cumple una función vital en esta hora de la humanidad y destruye el medio ambiente vital para la supervivencia de ésta.

¿Cómo resolver el dilema?, o más precisamente, ¿Cómo lograr una Empresa que produzca los bienes y servicios verdaderamente necesitados que va requiriendo la vida de toda la población mundial y que, al mismo tiempo, evite la destrucción del medio humano?.

3. Finalidades y Responsabilidades Sociales de la Empresa.

Tradicionalmente, la polémica acerca de los fines y responsabilidades sociales de la Empresa se ha situado en función de las siguientes disyuntivas:

a) A su interior, en función de los intereses de los inversionistas (capitalistas) y los de los trabajadores.  Unos buscan “maximizar” sus utilidades o, a lo menos obtener de ella, una ganancia superior al riesgo que corren con su inversión. Los otros tratan de lograr un trabajo estable y bien remunerado. De aquí derivan múltiples ramificaciones, en las cuales entran en juego cuestiones como las relaciones y los derechos y obligaciones de unos y otros, los mecanismos de estabilidad laboral, previsión social, capacitación y varios otros. En mundos menos liberales, discusiones sobre el concepto de empresa como comunidad de personas, la participación en la gestión y en sus resultados. Y,

b) En un plano más global, en función de la finalidad primordial de la Empresa.  Por una parte, si esta finalidad ha de hallarse dentro de su ámbito interno, vale decir, si el fin último de la Empresa es otorgar una justa compensación a trabajadores e inversionistas.  O si, por otra parte, dicha finalidad trasciende el ámbito interno y debe encontrarse en el terreno de una responsabilidad social externa a Ella que no sería otra que la de producir los bienes y servicios requeridos por la Sociedad.

Durante el transcurso de la Historia Contemporánea las teorías capitalistas, socialistas y humanistas fueron modelando concepciones de la Empresa y las experimentaron, a través de diversas y variadas fórmulas, según las conclusiones a que llegaban para resolver las problemáticas esbozadas en los dos puntos anteriores.  Un balance general de la polémica desenvuelta sobre la Empresa lleva a concluir que, a partir de mediados del siglo XIX, el proceso para acercarse a una relación más justa dentro de ella y a su exterior tendió a ser positivo pero, en ningún caso, suficiente. Los trabajadores consiguieron protección legal, derecho del trabajo, seguridad social, cierto desarrollo del sindicalismo y, a veces, alguna participación. Por otra parte, se ha reconocido la responsabilidad social de la Empresa más allá de su ámbito interno, tanto, por su contribución obligatoria al Estado, mediante el pago de impuestos, como por algunas obligaciones de respeto a los derechos de “los consumidores”, aunque éstos se expresen mucho mejor en el papel que en la vida cotidiana.

Todo esto, muy sucintamente, en lo que se refiere al modo tradicional de enfocar el tema de la Empresa.  Sin embargo, desde hace un tiempo y hacia el futuro, hay otros elementos que entran en juego y que están haciendo variar, sustancialmente, los términos del debate sobre las responsabilidades y fines de la Empresa.

Tales elementos no son nuevos en sí.  No fueron –o no habían sido considerados-, porque no existía conciencia de su gravitación en el acontecer social.

Ellos podrían sintetizarse, hasta ahora, en tres:

  1. El panorama social actual ha cambiado, radicalmente,  respecto del siglo XIX y gran parte del siglo XX. El mundo ha tomado conciencia que la condición de pobreza y extrema pobreza  depende, más que de la adopción de un sistema productivo capitalista o socialista, de la situación de subdesarrollo de los pueblos o de las regiones.

b) El Deterioro del Medio Ambiente que amenaza la supervivencia del hombre, fenómeno cuyo principal causante, como se ha evidenciado anteriormente, es la Empresa.

c) El panorama internacional terriblemente tenso y con una   complejidad en aumento. Una de las raíces primeras de que ello ocurra se encuentra ligada, justamente, al deterioro ambiental y a la explotación y agotamiento de los Recursos Naturales. Ya se señaló en un capítulo anterior que los países más adelantados, ricos y poderosos  sufren la escasez de materias primas y los más atrasados que aun las poseen intentan condicionar su entrega. Esta circunstancia ha llevado a que el mundo desarrollado busque imponer la obtención de los recursos absolutamente indispensables para su subsistencia como tal –o avasalle, sin importarle los medios, por conseguirlos- y el mundo subdesarrollado trata –sin éxito- de utilizar como arma para superar su situación, el condicionamiento de la entrega de esos recursos, porque ve cada vez más lejana sus posibilidades de desarrollo.

La introducción de estos elementos en la discusión sobre los fines y las responsabilidades sociales de la Empresa hace presumir una clara tendencia a trasladar a aquéllos y a éstas, prioritariamente, hacia el contexto externo a ella.

Ahora, esto no significa que la Empresa, presionada por las circunstancias sociales, vaya paulatinamente sustituyendo finalidades y responsabilidades menores por superiores, sino que ha debido asumir las nuevas que van emergiendo sin  tener que dejar de cumplir las anteriores. Lo que sí debe concluirse, desde el punto de vista de prioridades, es que las nuevas que la Empresa va asumiendo van primando sobre las ya adquiridas, porque aquéllas abarcan cada vez un radio más amplio de su contexto externo.

Así, si se tiene un ordenamiento histórico de los fines y responsabilidades de la Empresa, podrá apreciarse, claramente, que sus prioridades, como una fuerza centrífuga, han ido extendiéndose siempre hacia su exterior.

Las primeras surgieron con el concepto capitalista de la Empresa: El fin esencial de ésta, y por lo tanto, su responsabilidad era generar utilidades para su “dueño”. Los trabajadores vendían su trabajo a éste.

Con el avance social, expresado en la protección legal al trabajador, emerge otro fin y otra responsabilidad: dar trabajo.  Si bien desde un comienzo lo dio, no se le concebía como tal.

Más adelante, y con el surgimiento del sindicalismo apoyado básicamente en doctrinas humanistas y socialistas, van naciendo otras responsabilidades, cuyo desenvolvimiento se manifiesta, también, en función de la Empresa: estabilidad a los trabajadores, jornadas de trabajo limitadas y descansos programados, mejores remuneraciones (salario mínimo), seguridad social, protección e higiene en las faenas y otras.

Nace, posteriormente, una finalidad y una responsabilidad social de la Empresa que marca, realmente, un hito, ya que se sitúa abiertamente en el terreno exterior a ella: producir bienes y servicios necesarios a la Sociedad.  Siendo ésta  una finalidad natural de la Empresa, no se tenía conciencia de que, al mismo tiempo, encerraba una responsabilidad social primordial.  Es decir, se producía, porque daba utilidades para unos y trabajo y salario para otros, pero no, porque satisficiera necesidades sociales. En ese momento, comienza a vislumbrarse un concepto de Empresa, más que como ente que genera ganancias para sus dueños y salario para sus trabajadores, como el resultado del aporte de un capital y del esfuerzo de un trabajo, por el cual ambos “factores” merecen una justa compensación remunerativa, con el fin de producir los bienes y servicios necesarios para la comunidad. La Empresa empieza a entender que forma parte de la Sociedad misma, que es uno de sus componentes importantes y que en calidad de tal, debe servirla comprendiendo que tiene una responsabilidad para con ella.  Y en la medida que comprenda su primera responsabilidad externa, más allá de los intereses del Capital y del Trabajo, debe asumir la imperiosa la obligación de hacerse más humana y buscar la superación de los conflictos entre los que la integran para servir mejor a la Sociedad. 

Otro paso en la asunción de responsabilidades sociales ha de darse, entendiendo que la Empresa es una herramienta trascendental en la lucha por superar la Pobreza, no lo olvidemos, consecuencia del subdesarrollo más que de la adopción de uno u otro sistema económico, social o político.  La Empresa, pues, debe ser pilar y sustento en los planes de desarrollo y de acciones que tiendan a cumplir la finalidad de superar aquella condición de desigualdad, discriminación y pobreza en que yace la gran mayoría de la población del mundo. Entonces, le recae una nueva responsabilidad social, más amplia y prioritaria que las anteriores: cómo incorporar en la acción de la Empresa la satisfacción de los requerimientos de los más pobres y de los más necesitados. Es decir, cómo humanizarla más y hacerla más solidaria.

El otro factor, que agiganta su responsabilidad social y que se ubica en el momento histórico de las últimas décadas, surge desde que la Empresa ve amenazada, no sólo su propia existencia por la limitación de las materias primas, sino que, además, la existencia de la humanidad por la degradación del ambiente y por las probabilidades de hambre y sufrimientos, a raíz de la posibilidad de su paralización si no cuenta con los recursos primarios.  Se llega a la dramática disyuntiva que se planteaba al finalizar el título precedente:  la Empresa cumple una función vital para la supervivencia de la humanidad y destruye, al mismo tiempo, el medio ambiente vital para la vida humana.

4. Relaciones de justicia entre las distintas responsabilidades sociales de la Empresa.

Así, se hace indispensable al problema de priorizar las responsabilidades de la Empresa. Y en la problemática descrita ¿cuál pesa más?. A un lado de la balanza, dar trabajo, remunerar, generar bienes y servicios que satisfagan necesidades sociales, erradicar la miseria, la pobreza y superar el subdesarrollo y, al otro lado, la responsabilidad impuesta por la limitación de los recursos naturales, el agotamiento de las materias primas y deterioro del medio ambiente humano que ponen en jaque la subsistencia de la Empresa misma y la de la Humanidad.  Sin duda, esta última es una responsabilidad social aún más global y prioritaria que todas las anteriores.  Si no se cumple con ella no será posible cumplir con ninguna de las otras.

Es imperioso, pues, precisar las relaciones de la Empresa, en función de los fines y responsabilidades sociales que a su alrededor se han ido configurando, a través de la historia y de las prioridades que ésos y éstas poseen, con el objeto de lograr la concepción que de ellas hoy día ha de tenerse.

Como conclusión del presente título cabe señalar que las relaciones de la Empresa han ido en constante aumento y, asimismo, que de ellas se han desprendido finalidades y responsabilidades sociales cada vez mayores, las cuales puestas en un orden de prioridad debieran ubicarse de un modo centrípeto, es decir, primero las que deben responder o responden a los compromisos más globales con la Sociedad, partiendo de la supervivencia del medio ambiente y de la Humanidad y llegando, después de satisfacer los otros requerimientos sociales externos a ella, a cumplir los fines y responsabilidades, dijérase, más “mezquinos” o internos a ella como son la satisfacción de los intereses de trabajadores e inversionistas.

5. Una concepción real de la Empresa Contemporánea.

La visión de lo que es la Empresa de hoy, en buena medida ya ha sido trazada: Unidad degradadora del medio ambiente y consumidora de recursos naturales agotables que produce bienes o servicios, con el fin de satisfacer crecientes requerimientos sociales, entendiéndose implícita su obligación de contribuir a la erradicación de la  Pobreza, y que, además de autofinanciarse, busca generar excedentes legítimos que permitan una justa compensación remunerativa a quienes participan en el proceso productivo.

Así, su problemática actual habrá de resolverse cuando se establezca una justa compensación entre todas sus responsabilidades.  Es decir, cuando se logren afinar las relaciones de justicia entre aquéllas.

De tal manera que habrá que poner en la balanza sus principales responsabilidades en la siguiente forma y prioridad para cumplir con el señalado objetivo:

a) La obligación de evitar la degradación del Medio Ambiente y el agotamiento de los Recursos Naturales frente a la de producir bienes y servicios necesitados verdaderamente por la comunidad. Conocidas las consecuencias alternativas a una y otra, al igual que su interdependencia –consumir ambiente para producir- deberá hacerse cada vez más estricta la justificación de generar bienes y servicios no esenciales, partiendo por aquellos, cuya producción más afectan, contaminan o deterioran el medio ambiente. Ello, como efecto inevitable, debe conducir a cambios en los valores culturales, en el modo de apreciar la vida en sociedad y en la búsqueda de un sentido de comunidad y de solidaridad más profundos. Habrá de nacer el imperativo deber de vivir, prescindiendo de una paulatina menor cantidad de bienestar, lujos o comodidades excesivas y  de hacer primar la necesidad de “mejor calidad de la vida”  para todos por sobre el requerimiento de “cantidad de confort para vivir” para unos pocos.

b) La obligación de más riqueza en la calidad de la vida y menos en la cantidad para vivir frente a la de mejorar la cantidad y calidad para aquella significativa parte de la población mundial que está en la condición de pobreza o de miseria.  La compensación de este aspecto deberá plantearse, en razón de una significativa y creciente mayor cantidad y calidad de lo esencial, sin perjudicar seriamente el Medio Ambiente, y una muchísimo menor cantidad de lo no esencial para vivir.

c) La retribución al que arriesga capital en una Empresa frente a la que corresponde a aquellos que  hacen producir dicho capital aportando trabajo y gestión.  La retribución para los tres factores, capital, trabajo y gestión ha de ser legítima.  Y dicha legitimidad en la participación remunerativa para cada factor dependerá, además de la determinación de una renta equitativa al capital invertido,  al trabajo realizado y a lo que como excedente se reparta entre ellos, de la justificación que la Empresa tenga como tal ante el consumo de Medio Ambiente y ante lo esencial que sea la necesidad que satisface con el producto que genera.

Pues bien, la visión de la Empresa de hoy con que se inició este título, contrastada con la exigencia de afinamiento de las relaciones de justicia entre sus responsabilidades sociales, busca lograr una concepción más acertada de la Empresa contemporánea y encontrar los caminos para superar los desafíos planteados por la supervivencia de ella misma, del medio ambiente y de la humanidad.

Como epílogo podría decirse que la problemática del medio ambiente y del agotamiento de los recursos naturales pone en ciernes una nueva “ley económica” que colisiona con muchas otras y que, probablemente, conducirá a la Economía –o a los economistas-  a reformular en buena medida, múltiples concepciones, fundamentos y orientaciones que como ciencia –o disciplina- posee y emplea:

“Mientras más necesidades se creen, y emerjan y mientras más se produzca para satisfacerlas, en lugar de ser más baratos los costos de producción y los precios de los productos, en el largo plazo serán cada vez más caros hasta hacerse inalcanzables, debido al agotamiento de los recursos naturales, a la degradación del medio ambiente y al empeoramiento de la calidad de la vida”.

NOTA: Los siguientes capítulos son: “GLOBALIZACIÓN, CAMBIO Y DERECHO”, “PROFUNDOS CAMBIOS A LA DEMOCRACIA”

La discución se ha cerrado.

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