Poder político

RECUPERAR Y HUMANIZAR EL PODER POLÍTICO

Artículos, Sin Anestesia

Ignacio Ramonet, siendo Director de “Le Monde Diplomatique”, expresó hace unos años que en el mundo actual “ocurren tres grandes revoluciones. En primer lugar, la tecnológica, que implica el paso hacia una sociedad informatizada. Agregó que “esta primera revolución dio origen a la segunda: la económica-financiera.” Y concluyó tal razonamiento diciendo que “estas dos revoluciones producen la tercera: el cambio del “concepto de poder”. El poder político, señaló, es hoy el tercer poder. El primer poder es el económico, en particular el financiero; el segundo, el mediático; el tercero, una consecuencia de la posesión de los dos primeros.”
El raciocinio de Ramonet sintetiza “el proceso de mediatización” del poder que estamos viviendo. Sin embargo, resulta temerario afirmar que, a raíz de este proceso, ha cambiado “el concepto” de poder.
Mediatizar en lengua castiza es: “Privar al Gobierno de un Estado de la autoridad suprema que pasa a otro Estado, pero conservando aquél la soberanía nominal”.
Nadie ha podido observar que el uso de tal concepto para describir la realidad en las últimas décadas es acertado, porque es efectivo que, a medida que el neoliberalismo se fue imponiendo, el poder económico sometió a sus intereses el accionar del poder político. Nadie ha observado, también, que lo mismo ha ocurrido con la organización de la sociedad en torno a una “economía del chorreo”, cuyos resultados, hoy día, hacen evidente su fracaso con las enormes desigualdades, discriminaciones, excesos y abusos que vive día a día la inmensa mayoría de las personas, situaciones que, a su vez, han dado origen no sólo a la protesta y la movilización social, sino que a manifestaciones de violencia, al recrudecimiento de la delincuencia en las calles y la corrupción que comienza a aparecer entre quienes se hicieron ricos «de repente»… o no «tan de repente».
Pero sostener que a consecuencia de este proceso, operó un cambio en “el concepto” de poder es un error grave, porque ello implica aceptar que la autoridad “suprema” debe estar sometida a un “poder fáctico” que, en definitiva, es lo que es el poder económico. Implica, por otra parte, que la democracia desaparece, porque la elección del poder político no tendría más que un sentido meramente formal, ya que el Gobierno, el Parlamento y la Justicia estarían sometidos a los dictados del grupo que posee el “poderío económico”.
Distinto es concluir -y Nadie se atreve a afirmarlo con firmeza y claridad- que ocurre algo que «anda mal» y que la sociedad se está viendo obligada a “soportar” una situación fáctica que distorsiona la concepción valórica del poder, tanto en cuanto al sujeto que verdaderamente lo ejerce como al objeto esencial de su ejercicio.
Dicho de otra manera -como Alguien ya lo insinuó- resulta ser un atentado a la estabilidad social y política que la participación del pueblo sólo se exprese -sistema binominal mediante- votando cada 4 ó 6 años para elegir sus representantes, mientras los controladores del poder económico «están votando» las 24 horas de todos los días en función de sus intereses personales o de grupo.
Entonces, no es que haya un cambio del concepto de poder, sino que el poder político, sujeto natural e institucionalmente llamado a gobernar y legislar en función del bien común, en los hechos, está siendo “amarrado” por ese otro “sujeto”, indeterminado y abstracto, que se identifica como “poder económico” y que, en el dogma del modelo neoliberal, hace depender el bien común del “chorreo” que la acumulación de riqueza en manos de “los poderosos” pueda generar. De este modo, la sociedad ha sido “encajonada” en un molde valórico que atenta contra los derechos del hombre. Las libertades de las personas se ven afectadas por la “entronización de la cultura neoliberal”. Así, por ejemplo, la libertad de los hombres para alimentarse, para educarse, para acceder a la salud, para tener una vivienda, en fin, para recrearse, está siendo regida por la “filosofía libertaria” de la doctrina entronizada: Eres libre para ejercer cualquier libertad en la medida que tengas dinero para pagar por ellas.
Pues bien, no es un “cambio de concepto” el que tenemos, sino que, en verdad, un problemas que resolver: Devolver al poder político su rol de autoridad suprema que vela por el bien de todos y dar al “poder económico” reglas claras inspiradas en valores del hombre como la solidaridad, la libertad y la igualdad que hagan más humana la vida que necesariamente es «en Sociedad».

Nadie.

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    Juan Pablo Cárdenas S dice:

    Más bien lo que habría que hacer es devolverle al pueblo y a los ciudadanos su autoridad suprema y convencer a los políticos que ellos deben ser los «mandatarios» de la voluntad de la nación.

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      Holly dice:

      hola acabo de enterarme de tu pangia y la verdad es que me parece muy bueno no sabia de mas personas interesadas en estos temas, aqui tienes un nuevo lector que seguira visitandote semanalmente.

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